«Muérete en casa», apocalipsis zombi entre México y Caracas


Entre la ropa revuelta en el armario, Ella encontró un reproductor con pilas suficientes para al menos pasar un buen rato escuchando música. Al volverse, se detuvo en seco. Ahora solo una sombra de lo que una vez fue, la niña se encontraba sentada en el suelo, los juguetes esparcidos a su alrededor, olvidados. Todos menos uno. En una mano sostenía un dinosaurio, que lentamente levantaba del suelo antes de apoyarlo casi con delicadeza en el piso. Como en un trance, la niña repetía el movimiento una y otra vez. Arriba. Abajo. Arriba. Abajo. En silencio, Ella observó mientras se colocaba los auriculares en los oídos.

“Muérete en casa” surgió como una idea experimental en medio de la pandemia por covid-19. Lo que empezó siendo una serie web de terror con el fin de entretener a los espectadores durante aquellos días de encierro, acabó consiguiendo diversos reconocimientos en festivales de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, además de ser una agradable experiencia para sus creadores, Enrique Aranguren y Enrique Bencomo.

Aunque los cinco primeros episodios fueron grabados en Ciudad de México, donde actualmente residen sus directores, el sexto y último se hizo en Caracas -con la actriz Bárbara Acevedo como Ella- y surgió como un spin-off de la historia original. La serie, que estrenó su primer capítulo en 2020, ha alcanzado más de 33.000 vistas en el canal de YouTube de la productora Garito Films.

Enrique Bencomo es director de los largometrajes “Pipi Mil Pupu Dos Lucas” y “Atacama”; próximamente estrenará “La familia humana” y “Documental Atacama”. Con él hablamos sobre cómo fue producir una serie de terror como «Muérete en casa» sin contar con presupuesto alguno.

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-¿Cómo fue trabajar ese trabajo Enrique Aranguren en México?

-Enrique Aranguren es un amigo de la infancia. Le decimos “El Feto” de cariño, sin ánimo de ofender. Solíamos tener un grupo de amigos en Caracas con quienes íbamos a jugar videojuegos en Altamira. Luego yo me vine a México en 2015 y él en 2017; incluso vivimos juntos durante un año hasta que se mudó con su novia a otro apartamento. Ambos vivimos en el mismo conjunto de edificios y, de hecho, gran parte de la serie la filmamos en esta calle, entre su departamento y el mío.

Sí es raro trabajar con alguien, sobre todo en un proyecto tan chico como este. Pero al conocernos desde hace tanto tiempo, hemos visto muchas cosas juntos y compartimos gustos similares. Entonces, al momento de contar una escena o hacer un storyboard, casi siempre nuestras ideas se alineaban. No obstante, cuando no estábamos de acuerdo con algo, sí había una pequeña discusión, que normalmente ganaba quien se viera más apasionado con lo que quería hacer.

-Aranguren actuó en el primer capítulo, pero ¿cómo consiguieron a los demás actores de la serie?

-En México no había restricciones para salir a la calle. Así que en una de esas salí y me pareció una película postapocalíptica, porque no había nadie, estaba todo vacío, y era rarísimo: los semáforos funcionaban, pero no había autos. De ahí tuve la idea y con “El Feto” escribí el guion del primer capítulo. Como éramos nosotros dos solamente, le dije que él tenía que actuar.

Después de mandar el primer capítulo a festivales y ganar algunos premios, nos escribió una actriz diciéndonos cuan interesada estaba de trabajar con nosotros en un proyecto. Y como estábamos pensando en sacar una serie de lo que inicialmente había sido un corto, le dijimos que necesitábamos una actriz para el segundo episodio. Así fue como ella, los demás actores y varias personas del maquillaje, se unieron al proyecto.

Si bien pensamos e investigamos mucho antes de hacer “Muérete en casa”, también fuimos construyéndola ladrillo a ladrillo. Es decir, cuando vimos que a un episodio le fue bien, hicimos el siguiente y así, intentando siempre ir elevando el valor de la producción.

-Los zombis que aparecen en la serie son un tanto atípicos, ¿cómo se te ocurrió ese nuevo concepto?

-Los clichés funcionan, ya sea en el cine, la música, y en todas las artes en general. Son repeticiones de lo que ya existe, pero le agregan algo, un valor extra. Y es eso, yo soy un embajador de los clichés más uno: cómo podemos hacer interesante algo que ya es demasiado conocido. Quería hacer algo diferente al zombi que corre tras las víctimas, pero si te soy sincero, no sé cómo surgió la idea puntualmente. No obstante, creo que tiene que ver con una metáfora de la vida que actualmente llevamos en la cotidianidad, con el teléfono, la comida, las adicciones… Entonces, digamos que como artista solo quería explorar algo distinto.

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-¿Cómo fue tu proceso creativo en lo que a la musicalidad se refiere?

-Cuando escribí el guion de “Muérete en casa” vi al menos veinte películas post apocalípticas, desde los años 50 hasta ahora. Creo firmemente que el cerebro se alimenta, que la creatividad crece con todo lo que uno ve. En el caso de la fotografía y la música, ocurrió que mezclé cosas de lo que ya conocía. Cuando pasé el primer corto al software de música, simplemente me dejé llevar con la ayuda de este tecladito que tengo aquí, que es precisamente un instrumento para computadora.

Creo que la inspiración me venía siempre al ver una escena y pensar: ok, cómo puedo crear más ansiedad. Muchas veces me devolvía a la escena luego de hacer el sonido, para alargarla, porque la música hace que el suspenso aguante así sean diez segundos más. En el capítulo 3, por ejemplo, me decanté por sonidos bajos, como Darth Vader o Alien. Se trató de explorar y de buscar los instrumentos adecuados para recrear la escena tal como me la imaginaba.

-¿Cómo se sintió volver a Caracas para la culminación de esta serie?

-Tuve que hacer una visita a Caracas por un tema legal. Estuve dos meses, y simplemente no podía quedarme sin hacer nada o me volvería loco. Así que decidí hacer este spin-off, aprovechando que Caracas está vuelta mierda en varios sitios. Sergio Andrade me ayudó a producirlo; yo escribí el guion y él encontró a la actriz. Y fue genial, porque no solo volví a mi ciudad natal, sino que también creé algo en la casa de mi abuela.

Llenamos la calle de basura y encontramos lugares un poco destruidos, un edificio abandonado, y con eso ambientamos la serie sin necesidad de tanta producción. Era simplemente buscar la manera de hacerlo con un presupuesto inexistente.

A mí en lo particular me gustó mucho ese capítulo, porque lleva el tema de los zombis hacia otro lado. En realidad, lo que me gusta del arte es que es inmortal: estoy documentando un momento de la historia de la humanidad, en Caracas y en México, que quizás nunca más se repita. Es algo que me emociona.

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-¿Por qué decidieron producir esta serie para YouTube?

-Por la naturaleza del proyecto nunca pensamos enviarlo a festivales. Inicialmente se montó en mi canal personal de YouTube; luego la pasamos al canal de la productora cuando terminamos. Siempre fue pensado en hacerla para que la gente la viera y se entretuviera un poco durante la pandemia.

Pero cuando acabamos de montar el primer capítulo, sabíamos que estaba bueno. Entonces lo mandamos a los festivales que aceptaban contenido ya publicado. Aunque los festivales no te hacen ganar muchos beneficios directos salvo la mención del premio en el poster, siempre es una motivación para continuar haciendo cosas.

En cada proyecto uno tiene que tener bien claro qué es lo que quiere lograr. Yo nunca había hecho terror, por lo que esta serie fue una excelente práctica.

-¿Tienes pensado hacer otro proyecto dentro del género de terror?

-Pocos directores tienen la fortuna de trabajar en todos los géneros. Pocos hacen comedia, terror, thriller, suspenso, drama, y yo siento que como profesional me gustaría trabajar en tantos géneros como pueda. En este momento, mi primer largo es comedia-crimen, el segundo parece más un thriller psicológico, esta serie es de terror y me encantaría hacer comedia.

Recientemente terminé de grabar el documental “La familia humana”, que aborda temas de la crisis humanitaria, la empatía y el ser humano. Actualmente está en edición y espero terminarlo este año, para que haga su ruta por festivales. En cuanto al documental de Atacama, es el tras cámaras de la producción de la película que filmé en el desierto del mismo nombre. La producción fue un completo desastre, y como es un proyecto tan personal me ha llevado tiempo; pero espero poder terminarlo este año. Creo que es un documental que no solo le interesaría mucho a los cineastas, sino también a cualquier persona que ambiciona hacer cosas arriesgadas en la vida.

Algo que me gustaría resaltar es que los proyectos personales son los que en verdad te marcan el camino. Son los que te hacen crecer como persona y profesional. Y son los que recuerdas al final. Por eso me gusta estimular a todo el mundo a tener siempre un proyecto.



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