Alana y Leila: el caso de las gemelas suicidas que conmueve a España


¿Cuánto pueden sufrir unas hermanas de 12 años para que decidan acabar con su vida al mismo tiempo? ¿Qué vinculo invisible las amarra con tanta fuerza que las empuja a escribir cartas de despedida, arrimar sendas sillas al balcón y saltar juntas desde un tercer piso? Son preguntas que surgen repetidamente desde el martes 21 de febrero cuando las gemelas Alana y Leila, niñas argentinas en una pequeña población de Cataluña, ejecutaron tan drástica decisión.

Alana murió en el acto y Leila permanece en coma, registrando una «leve mejoría», según el parte de los médicos del hospital Parc Taulí que difundió el diario Perfil. A principios de 2020, un mes antes que se declarara la cuarentena por covid-19, las dos niñas y su familia habían migrado desde Mar de Plata a Sallent, una población catalana que no llega a 7.000 habitantes, de los cuales unos 20 son argentinos. Y dos semanas antes del salto al vacío, Alana se había cortado el pelo y había pedido que la llamaran Iván.

Ese día, el martes 21, fueron al colegio igual que siempre y a las 3 pm regresaron a casa caminando, acompañadas de Aitana, una de las mejores amigas de Alana y dos años mayor que ella. En la calle Estación, donde vivían las gemelas, «nos despedimos como siempre, con besos y abrazos», dijo Aitana al diario La Vanguardia. No detectó indicios de lo que las niñas harían poco después.

«Pueblo chiquito, infierno grande», dice el refrán, y Alana y Leila parecen haberlo comprobado en carne propia. La transfobia multiplicó el bullying continuo que sufrían por su acento y por no hablar bien catalán, entre otras cosas.

Pistas (y pruebas) del acoso sufrido hay de sobra. Las gemelas habían manifestado repetidamente que no eran felices allí. Dos meses antes, en una llamada a su abuelo Gustavo Lima, que aún vive en Mar de Plata, Alana le dijo llorando que «no quería pasar ni un cumpleaños más» en España, como lo contó el apenado hombre a Telecinco. Su primo Kevin, también habitante de Sallent, la madre de una compañera, una amiga de Alana y una vecina declararon sobre el acoso que perseguía a las niñas, especialmente en el colegio público Llobregat, a donde asistían.

Y, lo más importante, las niñas lo reflejaron en sus cartas de despedida.

¿Acoso después de muertas?

Los padres aseguran que habían denunciado el bullying hacia Alana y Leila a la directiva del Instituto Llobregat que no tomó las acciones pertinentes para detenerlo. Testigos vinculados a las niñas pero no familiares aseguraron que las llamaban «sudacas», que las rodeaban y les pegaban, que se burlaban de su acento y de que no supieran hablar bien catalán (algo que el alcalde del lugar descartó casi en el primer minuto de sus declaraciones). Y cuando Alana pidió que la llamaran Iván, le decían Ivana.

Alana y Leila
El instituto público Llobregat, al que asistían las niñas. Foto Cortesía

Las autoridades educativas de Cataluña ripostaron de inmediato, aseguraron que habían atendido a las gemelas e insinuaron que el problema estaba en casa:

«Recibían atención psicológica en el centro educativo y seguimiento especial por parte de una orientadora debido a su situación familiar y social», esgrimió en un comunicado la Conselleria de Educación de la Generalitaty replicó Okdiario.com. Incluso apuntaron que «una de ellas se había derivado a los servicios públicos de salud mental».

Pero el comportamiento de algunos compañeros anónimos de las gemelas desmiente a la Generalitat. En los mensajes de despedida que los alumnos de sus colegios hicieron aparecen unos crueles. El peor dice «Alana off» y lo escribió un niño o niña de su salón en el pupitre de la gemela fallecida. El Institut Llobregat aún no ha reaccionado a ello.

Según Aitana, el acoso era liderado por «tres chavales», que no las dejaban en paz y las llamaban «sudacas» o «las argentinas» y que, aunque molestan también a otras personas, con ellas era peor.

El diario El Taquígrafo conversó con familiares y compañeros y representantes del Institut Llobregat y constató que el bullying era constante desde el primer día que entraron a las aulas. Una compañera aseguró que hasta los profesores se mofaban eventualmente.

“Desde que Alana nos dijo que quería ser Iván, los niños que les hacían bullying se cebaron más con ella. En el patio las rodeaban para insultarlas y empujarlas. Y los profes lo sabían, pero no hacían nada, de hecho ellos también hacen comentarios de vez en cuando», le dijeron a El Taquígrafo a las puertas del Llobregat, donde se pueden leer mensajes a las niñas.

Alana y Leila

“Primero fue por su acento y su origen argentino, luego por su situación económica y lo último desde que Alana manifestó que quería empezar a ser tratada como un niño”, dijo Cristina Puga, prima política Alana y Leila a El Taquígrafo (el reportaje completo sobre el supuesto acoso en el Llobregat se puede leer haciendo clic aquí).

El Diario El Español replicó el apoyo que el Observatori Contra l’Homofóbia manifestó a sus padres: “Una noticia que nos rompe el corazón, un niño trans de 12 años se suicida en Sallent. Una muerte marcada por la intolerancia, el bullying y la transfobia. Enviamos todo el calor al entorno de Iván y nos ponemos a disposición en caso de que se solicitara acompañamiento psicosocial y jurídico”.

El Taquígrafo también aseguró que el colegio les dio una charla sobre el suicidio y les prohibió hablar del tema, a riesgo de sufrir amonestaciones.

Las cartas de Alana y Leila

Cada niña escribió una nota de despedida para sus padres. En los fragmentos que se han colado a la opinión pública se deja ver que la decisión de quitarse la vida fue de Alana (la que más sufría desde que pidió que la reconocieran como Iván) y Leila decidió acompañarla.

Alana y Leila
La familia en Argentina dijo que no sabía la decisión de Alana de ser Iván, pero que no les sorprendía por el carácter de la niña. Foto cortesía

“Disculpas a todos, ustedes saben de lo que yo amo a mi hermana, yo vi todo el bullying que sufre ella, voy a hacer lo que ella decida. La voy a acompañar adonde ella quiere», escribió Leila en su carta, según reportó Telecinco.

Estoy cansada de que me hagan bullying en la escuela, no lo soporto. Yo quiero ser feliz, pero evidentemente yo esto lo voy a sufrir el resto de mi vida y tomé la decisión de no seguir’”, escribió Alana.

Luego, cada una tomó una silla y saltaron juntas.

El velorio de Alana fue ayer domingo 26 de febrero, en compañía de sus familiares que vivían en Sallent, incluido su hermano Amadeo de 10 años, y de otros parientes que llegaron desde Argentina, entre ellos su abuelo Gustavo.