Héctor Manrique reencarna otra vez a Edmundo Chirinos y da una pausa a Bolívar


Tras ser aclamado por el público y la crítica, Héctor Manrique terminó la temporada de “Mi último delirio”, monólogo construido bajo la asesoría de la historiadora Inés Quintero, tomando como materia prima las cartas y documentos escritos por el propio Simón Bolívar. Después de encarnar al Libertador en una interpretación tan sólida como cautivante, ahora se dispone, en la misma sala del Teatro Trasnocho, iniciar desde hoy un ciclo de cinco funciones de “Sangre en el diván”, otro de sus celebrados unipersonales, que estará en cartelera toda la temporada de Carnaval, hasta el martes 21 de febrero.

-¿Qué desafíos te plantean ambos personajes histriónicamente?

Este monólogo, estrenado en 2015, lleva en su haber más de 400 representaciones, tanto en Venezuela como en México, Chile, Estados Unidos y España. Aquí el actor se mete en la piel del controvertido psiquiatra Edmundo Chirinos, quien de personaje de mucha notoriedad académica y política, terminó condenado por asesinar a una paciente en su consultorio. Está inspirado en el capítulo “El delirio”, de la exitosa novela “Sangre en el diván, el extraordinario caso del Dr. Chirinos”, escrita por la periodista venezolana Ibéyise Pacheco.

Chirinos fue en su vida pública miembro de la Constituyente de 1999, rector de la Universidad Central de Venezuela y decano de la Facultad de Humanidades, candidato presidencial y fundador del Colegio de Psicólogos, además de terapeuta de los ex presidentes Jaime Lusinchi, Rafael Caldera y Hugo Chávez.

“Tengo ocho años haciéndolo y mucha gente me pregunta, ¿hasta cuándo? Y digo que fundamentalmente hasta que haya público que quiera ir a verlo. Es un espectáculo contradictorio porque por un lado estás viendo a un monstruo y por el otro te diviertes con él. Pero lo hicimos para que el público esté alerta, muy alerta, por eso vale la pena ver al doctor Chirinos y cómo intentaba manipularnos, engañarnos y seducirnos”.

Héctor Manrique

El tránsito de Bolívar a Chirinos

La ocasión es más que propicia para conversar con Manrique y hacerlo, no solamente en torno a su intensa actividad teatral como director del Gupo Actoral 80 (GA80), sino también sobre lo que él mismo califica como “una posición de vida”, que es su frontal oposición al régimen chavista-madurista, objeto de sus afilados dardos diarios vía Twetter y en otras tribunas de opinión.

“Si me parece que vivo en un mundo injusto, corrupto, entonces el sentido de la vida está en oponerse a eso”, expresa convencido.

-¿Cómo asumes la transición de un Bolívar en su delirio a un Chirinos delirante?

-Son dos personajes muy distintos en escena. Chirinos intenta engañar al espectador para que no crean que él es un asesino; mientras, en el caso de Bolívar, lo que procura es que sepan realmente quién fue y no crean el engaño que de un lado y de otro han hecho de él.

-Lo que hemos intentando es procurar desde el escenario llamar la atención sobre quiénes somos y cómo nos relacionamos frente al poder. En el caso de Chirinos, la complicidad como demoledor de nuestra ética pública; y en el de Bolívar, cómo se ha procurado desconocerlo realmente para así poder usar su gesta a conveniencia. En ambos casos lo que perseguimos es acercarnos, desde la verdad escénica, a la verdad de lo que ellos representaron para nuestra sociedad.

-¿Cuán laboriosa es tu preparación previa para ambas piezas?

-Suelo llegar por lo menos tres horas antes al teatro. Sólo el proceso de maquillaje dura en ambas obras una hora 30 minutos. En “Mi último delirio”, tengo dos maquilladoras que hacen un trabajo riguroso y en “Sangre en el diván”, lo hago yo mismo. Suelo hacer también por lo menos 40 minutos de calentamiento y repaso del texto. Son espectáculos muy exigentes física y emocionalmente.

Me divierto haciendo Chirinos”

-¿Qué te exige interpretar un personaje como Chirinos, emocional y psíquicamente?

-Yo la verdad como actor me divierto mucho haciéndolo. Acá podría aplicar la paradoja del actor de Diderot: “Mientras más sufra el personaje, más placer debe sentir el actor que lo interpreta”. Yo no juzgo a Chirinos cuando estoy sobre el escenario. Debe hacerlo el público. Si él era un seductor, yo procuro seducir; si era un manipulador, yo procuro manipular. El público debe estar alerta, porque podría terminar cayendo bajo el influjo de este personaje siniestro.

-¿A qué atribuyes el éxito de “Sangre en el diván” en un país como el nuestro, donde desde el poder vemos a tanto jerarca apoyado, en su comportamiento público, en mentiras, alucinaciones y mitomanías similares a las de Chirinos?

-Porque lamentablemente somos un país en sus esferas de poder sostenido por la complicidad. El éxito de esta obra a quien más ha sorprendido es a mí. Nunca me imaginé que podría pasar lo que ha pasado. La clave ha estado, creo yo, por un lado que sean sus propias palabras las que escuchará el espectador y por el otro el reflejo que hace de nosotros como sociedad. Nadie sale ileso de esta obra.

«Los políticos opositores no hacen otra cosa que descalificarse entre ellos, sin entender que el enemigo es esta pesadilla llamada Chavismo-Madurismo», dice el actor Manrique . Foto Nicola Rocco.

“Hay que activar la esperanza”

En torno a la actualidad política, preguntamos a Manrique sobre la desconexión evidente de la dirigencia opositora con la ciudadanía, de la que permanece francamente alejada en lo que a sus problemas y aspiraciones se refiere.

-¿Crees que de verdad el 22 de octubre la gente saldrá a elegir en unas primarias al candidato de una oposición tan rayada como la que tenemos?

-Yo deseo que salga y elija. También deseo que esté despierta y elija a alguien que realmente nos proponga un proyecto realista y claramente en contra de este desastre que ya lleva más de 22 años. Los totalitarismos se combaten con democracia y espero que este 22 de octubre sea una gran jornada democrática.

-Entiendo que los políticos opositores tienen un camino grande y duro por delante, porque es absolutamente impresionante lo errático y desconectados de la gente que han estado. Para colmo de los colmos, no hacen otra cosa que descalificarse entre ellos, sin entender que el enemigo del pueblo venezolano es esta pesadilla llamada Chavismo-Madurismo. En fin, no estamos viviendo momentos esperanzadores.

-¿Son ingenuos o cínicos los que creen en una dirigencia opositora que ni siquiera ha tenido capacidad autocrítica?

-Yo creo que peor que eso. A la gran mayoría ha dejado de importarle la política y eso no es bueno. Por supuesto, la responsabilidad ha sido el enanismo opositor. No tienen grandeza. Su discurso no le interesa a la gente, porque no va a los problemas de la gente. Es lamentable esa desconexión en un momento que podría ser tan poderoso para unirnos en procura de un cambio. No hay venezolano que no esté arrecho con este gobierno por todo el dolor causado, y los dirigentes opositores permanecen totalmente alejados de ellos.

-¿Habrá que esperar el surgimiento de un nuevo liderazgo en las movilizaciones de protesta, que cada vez se diseminan más por todo el país, ante la total indiferencia del régimen a sus demandas?

-Yo creo que no hay que esperar nada, si no terminaremos como los personajes de “Esperando a Godot”, que se les va la vida esperando que llegue Godot y este nunca llegó. Lo que hay que hacer, cada uno desde nuestro entorno, es procurar activar la esperanza. Desde allí aparecerá la luz que ilumine el cambio que tanto desea la gran mayoría de los venezolanos. No hay que esperar al Mesías que venga con la luz, hay que encenderla dentro de uno.

Héctor Manrique como Simón Bolívar, una interpretación tan sólida como cautivante. Foto Nicola Rocco

Resistir desde el teatro

-¿Es un signo de resistencia que en plena crisis política, social y económica todavía el teatro continúe activo y no haya bajado el telón?

-Totalmente. Resistir es la palabra que define al teatro en los últimos 20 años en Venezuela. El teatro en tiempos de crisis tiene mayor sentido y necesidad. Los griegos crearon el teatro porque no les gustaba el mundo en el que vivían. Hoy más que nunca tiene para mí sentido hacerlo en Venezuela, ya que no me gusta lo que acá pasa.

-¿Te han amenazado alguna vez, o varias, por tus constantes e incisivos comentarios contra el régimen vía Twitter?

-Muchas. Antes más que ahora. Pero la verdad no le hago caso a eso.

-¿Opositor a tiempo completo?

-Es una posición de vida. Si me parece que vivo en un mundo injusto, corrupto, entonces el sentido de la vida está en oponerse a eso.